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Notas sobre kinbaku

¿Para qué practicas shibari?

Andrei Tanto

Cuando me preguntan cómo empezar a practicar shibari, propongo responder primero a otra pregunta: ¿para qué quieres hacerlo?

Antes de elegir un curso, comprar cuerdas o buscar los primeros esquemas, conviene entender qué te atrae. ¿Quieres aprender a atar? ¿Experimentar estar en las cuerdas? ¿Crear fotografías? ¿Encontrar una forma particular de interactuar con otra persona?

De la respuesta depende qué vas a aprender, qué profesor buscarás y cómo valorarás tu propia experiencia.

No hace falta definir un gran objetivo desde el principio. «Tengo curiosidad y quiero entender qué me atrae de esto» también es una respuesta. Pero conviene distinguir la curiosidad propia del deseo de reproducir una imagen ajena o cumplir las expectativas de otra persona.

Aprender

A algunas personas les atrae el propio trabajo con la cuerda: la estructura de las ataduras, el movimiento de las manos, la tensión y la mecánica corporal. Hay placer en entender cómo funciona todo y por qué una solución sirve y otra no.

Entonces puedes reconocer el progreso en cosas concretas. Entiendes mejor tus acciones, manejas la cuerda con más confianza, prestas más atención a la posición de la persona y detectas antes cuándo hay que cambiar algo.

Sin embargo, la complejidad de una atadura dice poco, por sí sola, sobre la calidad del trabajo. Para mí importa más si entiendes por qué utilizas una solución concreta y si es adecuada para la persona con la que estás interactuando.

Crear

Para algunas personas, la cuerda se convierte en un material artístico. Les interesan la forma, la línea, la luz, la composición, el movimiento o una imagen que quieren plasmar en una fotografía o en escena.

Aquí surgen otras preguntas. ¿Qué quiero expresar? ¿Qué papel tiene el espacio? ¿Qué aporta la modelo? ¿Por qué necesito precisamente la cuerda para esta obra?

El resultado puede ser una fotografía, una actuación o una forma encontrada. Pero la persona que participa sigue siendo coautora: su presencia, sus posibilidades y sus respuestas influyen en el resultado.

Conectar

Para algunas personas, lo principal es la experiencia compartida: la confianza, la atención y la posibilidad de comunicarse de otra manera.

En ese caso, el valor de lo que ocurre no siempre se ve en una fotografía. Una sesión aparentemente sencilla puede resultar muy significativa para quienes participan. Y a la inversa: una forma impresionante no significa que las personas hayan encontrado juntas lo que buscaban.

Aquí me fijaría en cuánto se escuchan, si pueden hablar de sus deseos y límites y si comparten una comprensión de lo que está ocurriendo. La cuerda puede convertirse en una forma de comunicación, pero por sí sola no la crea.

Los objetivos pueden cambiar

Estas direcciones pueden cruzarse. Hoy quieres comprender una cuestión técnica, mañana hacer una fotografía y, en otra ocasión, pasar tiempo con alguien cercano.

Con el tiempo también puede cambiar la razón por la que practicas shibari. Lo que te llevó a la cuerda no tiene por qué ser lo que te mantenga cerca de ella unos años después.

No hay contradicción en ello. Conviene volver de vez en cuando a la pregunta: ¿qué estoy buscando ahora?

No propongo elegir una única razón correcta. Me importa que cada persona entienda la suya. Así resulta más fácil elegir la formación, llegar a acuerdos con una pareja y reconocer el resultado que tiene valor para ti.